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Miri de los bosquesMi territorio en el cyberespacio...
Hay que saber dejar ir...Siempre pierdo al ajedrez. Supongo que las razones son variopintas: mi experiencia es escasa, tengo problemas para concentrarme, soy demasiado impaciente y juego antes de pensar... en fin, se me ocurren muchas. Pero sobre todo y ante todo, juego mal. Juego mal porque parto de la premisa de que todas las piezas son imprescindibles, y no es así. El fallo soy yo, que valoro demasiado mis piezas...
El valor de una pieza depende del papel que esté jugando en esa partida concreta, independientemente de lo útil que pueda haber sido en otras circunstancias. Ser conscientes de esto ya nos puede abrir muchas puertas. El dilema está en saber discernir con buen juicio qué piezas representan más un problema que una ventaja, y cuándo es el momento clave para dejarlas ir. He ahí lo complicado: el buen jugador no es el que despeja desesperadamente el tablero ante una situación crítica. No, eso no es ser hábil, es ser temerario. El buen jugador sabe reconocer el momento clave en que una pieza ha dejado de jugar un papel importante en la partida para pasar a obstruir y estancar una situación que claramente le perjudica. Y es ahí donde radica mi problema: ante la catastrófica posibilidad de equivocarme en mi juicio y lamentarme más tarde de haber perdido una figura imprescindible, me aferro desesperadamente a todas ellas hasta que se acaban bloqueando entre sí, ahogando de esta manera todas mis posibilidades de éxito.
Sí... supongo que en el ajedrez, como en la vida, hay que saber dejar ir... hay que saber reconocer el momento en que un lastre se hace demasiado pesado para soportar su carga durante mucho más tiempo. Hay que saber que a veces cuando se pierde, se gana...
... y yo, joven e ingenua, tengo la impresión de que me queda mucho que aprender todavía, antes de ganar al ajedrez...
Un abrazo a tod@s,
Miri
Homenaje al almendro...Esta entrada pretende ser un homenaje al almendro, ese arbolete de flores rosas y blancas que inunda nuestros paisajes del fresco aroma de la primavera...
El almendro, como árbol, no es especialmente fuerte ni vigoroso. Su sombra no es espesa ni su copa vistosa. Su tronco crece torcido y su fruto no tiene el valor mercantil que otros. Y sin embargo, este árbol más bien hirsuto cumple una función que lo hace el más especial de todos: es el mensajero de la primavera. Cuando las ráfagas de frío se suceden aún intermitentemente, él, el más valiente de los árboles, se atreve a sacar sus flores, aun a riesgo de perder todos sus frutos con una helada tardía. Cuando todo duerme todavía y el invierno se antoja inacabable, ahí está él, tiñendo de rosa nuestros campos y recordándonos a todos que la primavera se acerca y se acaba el letargo. Sí... mensajero de optimismo y de ilusión, es por eso un árbol especial.
Sin embargo, y aunque hoy sea un árbol común en nuestros paisajes, no siempre ha sido así. Fueron los fenicios, allá por el 2000 antes de Cristo, quienes lo introdujeron en lo que hoy es nuestro país. El almendro, Prunus dulcis que lo llaman, pertenece a la familia de las rosáceas y comparte género con otros frutales como el cerezo, el ciruelo o el melocotonero, con el que se hibrida sin muchas complicaciones. Su fruto, la almendra, es muy apreciada en gastronomía para la realización de postres, salsas o caldos y en la industria estética por sus propiedades nutritivas para la piel. Pero sin embargo no todos los almendros son tan dulces. La variedad conocida como "almendro amargo" produce frutos que contienen ácido cianhídrico, no aptos para el consumo humano. Sin embargo, incluso esta variedad es útil. Debido a su gran resistencia a la sequía, se cultiva en las zonas más áridas y, mediante injerto cuando aún es jovencito, se le puede "convertir" en un almendro dulce. Así que, ya véis, hasta el almendro "borde" puede acabar siendo simpático...
Y bueno, no me enrollaré más por hoy. He pasado el fin de semana embriagada por los colores de los almendros, y quería compartirlo con vosotros. Por cierto, me han dicho que os cuente que... la primavera ya está aquí.
Un abrazo,
Miri
De más puzzles, y menos piezas...De nuevo un cambio en mi vida. Uno que no me acaba de gustar, pero que tampoco me pilla de sorpresa. Mi puzzle tenía una pieza que no encajaba, pero que lo hacía especial, diferente de lo que había conocido hasta ahora. Mi pieza favorita ha saltado del puzzle y, para mi sorpresa, el puzzle sigue sin encajar. Y además está gris, más feo que en mucho tiempo. ¿Y sabéis qué? Que estoy harta de pasarme la vida intentando que encajen las piezas. Las piezas no encajan... sólo existen. Es inútil perder el tiempo intentando encajar algo donde las piezas entran, salen y cambian de lugar en un continuo. Incluso cuando el puzzle parece montado y todo parece encajar, un movimiento brusco puede derribarlo en un segundo, y entonces te das cuenta de que has perdido media vida en algo que desaparece en un minuto. No... ya se acabó. Prefiero disfrutar de las piezas que me quedan que ver cómo desaparecen ante mis ojos intentando encajarlas donde no caben. Si de verdad valen la pena, permanecen en el puzzle, encajen o no. Y si no permanecen, pues hay que prescindir de ellas y hacer lo que se pueda con las que queden... pero no obsesionándose con encajarlas, porque a la vista está que eso no lleva a ninguna parte...
Saludos a tod@s,
Miri
...¿Por qué?...¿Por qué un montón de cables que se encuentran próximos siempre acaban enredándose? ¿Qué es lo que hace que pasado el tiempo nunca se pueda deshacer la maraña de la misma manera que se originó? ¿Cuál es la fuerza misteriosa que empuja a ese punto de "no retorno" donde la situación estable de partida se torna inalcanzable de nuevo? ¿Acaso sería mejor mantener siempre una distancia prudente entre cable y cable? ¿O quizá vale la pena la paciencia y el esfuerzo continuo de desenredar los nudos, aun bajo el riesgo de tener que cortar algún cable en el intento?... ¿Por qué siempre se tienen que enredar los cables? ¿Por qué? ¿Por qué?...
¿Qué es lo que nos mueve? La pirámide de MaslowLa motivación humana es y siempre ha sido un misterio. En ocasiones nos encontramos desmotivados, a mí hace un tiempo que me ocurre con frecuencia. Pero, ¿Dónde se supone que deberíamos encontrar esa motivación? ¿Nos sentiríamos también desmotivados si tuviéramos que buscarnos la vida para sobrevivir? ¿Podríamos permitirnos ese lujo?
Al respecto, Abraham Maslow propuso en 1943 una teoría psicológica sobre la motivación, que jerarquizaba la misma en cinco niveles que buscamos para cubrir nuestras necesidades. Según él, cuando tenemos cubierto el nivel 1 no nos damos por satisfechos, sino que pasamos al nivel 2, y así sucesivamente. Los niveles de lo que nos preocupa en la vida serían los siguientes:
1. Necesidades Fisiológicas
Son las necesidades asociadas a nuestra supervivencia como organismos. Serían básicamente el acceso a la comida, agua, aire, sueño, cobijo, salud y sexo. Salvo esta última, necesitamos satisfacer todas las demás para sobrevivir.
2. Necesidades de Seguridad y protección. Tienen que ver con nuestro afán de vivir en un mundo predecible y ordenado donde la injusticia y la inconsistencia estén bajo control. Las personas necesitamos cierto nivel de seguridad y protección, y preferimos lo que en cierto modo nos es familiar a aquello que es totalmente desconocido. En general este nivel incluye una amplia gama de necesidades relacionadas con el mantenimiento de un estado de orden, estructura, seguridad y estabilidad. Un ejemplo en el mundo desarrollado sería contar con un trabajo más o menos estable, un sistema de prestación por desempleo, etc., que nos permita tener la tranquilidad de saber que el mes que viene también cobraremos.
3. Necesidades de pertenencia y amor Se trataría de nuestras necesidades sociales, de relaciones interpersonales y de interacción social. Dentro de este nivel se encuentran necesidades como las de una relación íntima con otra persona, la necesidad de ser aceptado como miembro de un grupo organizado, la necesidad de un ambiente familiar, la necesidad de vivir en un vecindario familiar y la necesidad de participar en una acción de grupo trabajando para el bien común con otros. 4. Necesidades de valoración (estima) Incluyen la preocupación de la persona por sentirse valorado: alcanzar la maestría, la competencia, y el estatus. La necesidad de estima se encuentra profundamente asociada a la constitución psicológica de las personas. Maslow agrupa las necesidades de este nivel en dos clases: las que se refieren al amor propio, al respeto a sí mismo, a la estimación propia y la autovaloración; y las que se refieren a los otros, las necesidades de reputación, condición, éxito social, fama y gloria. Haciendo caso de esta teoría, podríamos concluir que una persona que no tenga garantizada la comida y el agua priorizará esa necesidad sobre otras, como desarrollar su verdadera vocación de artista. Una persona que se encuentre en un lugar en conflicto priorizará vivir en un lugar seguro sobre demostrar a los demás sus grandes habilidades en el billar, etc. etc. La teoría de Maslow ha recibido muchas críticas desde su creación, que afirman que no existe jerarquía alguna en la satisfacción de las necesidades humanas. En cierto modo es verdad que, pese a no tener cubiertas las necesidades de seguridad (por ejemplo) el individuo sigue necesitando pertenecer a un grupo. Sin embargo yo creo que, en rasgos generales, Maslow tenía razón. Cuando estaba en África a menudo tuve la impresión de que nuestras escalas de preocupación pertenecían a universos diferentes. Mientras que aquí nuestros "bajones" suelen estar asociados a la frustración por realizar un trabajo que no se corresponde con nuestras verdaderas habilidades, a sentir que nuestra pareja no pone en la relación todo lo que nos gustaría, a sentirnos desubicados y desarraigados, etc., etc... eso allí no serían nada más que "pajas mentales". Ellos no entenderían la razón de nuestro descontento, sabiendo que aquí vivimos en un país donde no nos falta nada y el día a día es relativamente predecible. Allí, donde poca gente tiene trabajo y nunca se sabe lo que se podrá o no comer al día siguiente, muy pocas personas estaban preocupadas por su autoestima o su realización personal. Todo se desenvolvía a un nivel de supervencia y seguridad, cuando se le podía pedir eso a la vida...
A veces me gustaría tener su mentalidad pero viviendo aquí. Tendría que sentirme tan llena.... o no, porque me irían surgiendo nuevas y nuevas necesidades... el caso es no estar nunca satisfecho en la vida. El ser humano es insaciable.
Y bueno, aquí os dejo con esta teoría. A ver qué opináis vosotros.
Un besote,
Miri
¿Y si avanzáramos pasito a paso?Hola a tod@s.
Hace mucho, mucho tiempo, leí un libro que me entusiasmó. Era sencillo, en él uno no encontraba grandes aventuras... pero sí algunas grandes verdades. Trata de una niña, Momo, que tenía un don especial: Sabía escuchar. El caso es que hace poco me lo estoy volviendo a leer, y ayer encontré algo que, de asimilarlo, me vendría muy bien para comenzar a tomar fuerzas e ir avanzando pasito a pasito. Os dejo aquí el fragmento, a ver qué os parece a vosotros:
"Cuando Beppo barría las calles, lo hacía despacito, pero con constancia. Mientras iba barriendo, con la calle sucia ante sí y limpia detrás de sí, se le iban ocurriendo multitud de pensamientos, que luego le explicaba a su amiga Momo:
- Ves, Momo –le decía, por ejemplo-, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece terriblemente larga, tanto que crees que nunca podrás acabarla. Miró un rato en silencio a su alrededor y siguió: -Y entonces te empiezas a dar prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando: - Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en el siguiente golpe de escoba. Nunca nada más que el siguiente. Volvió a callar y a reflexionar, antes de añadir:
-Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser. Después de una nueva y larga interrupción, siguió:
-De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta de cómo ha sido, pero no está fatigado. No se ha quedado sin aliento. Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final: -Eso es importante." Quizá si nos marcáramos las metas de una manera más escalonada, podríamos salir de la frustración y sentir los pequeños éxitos de cada día. Yo... no sé cómo hacerlo, pero estoy aprendiendo, poco a poco, paso a paso...
Un besito a tod@s,
Miri Lo que me alimenta me mata¿Por qué será que todas la monedas tienen dos caras? ¿Por qué el mejor antídoto para la picadura de una serpiente suele ser su mismo veneno? ¿Por qué aquello que nos da la vida es lo que mejor puede arrebatárnosla? A veces tengo la impresión de que lo que me alimenta me mata. Y lo peor de todo es que me temo que es verdad.
Miri Reflexiones sobre la muerte...Qué tendrá la muerte que, siendo cada persona tan diferente, cada una con sus alegrías y sus penas, sus inquietudes y sus miedos… todo el mundo la teme. Sí, incluso los que dicen ser impasibles ante ella o que la veneran, sufren una inmensa angustia cuando ven que se le acerca a ellos o a sus familiares. No, no nos engañemos. La muerte nos asusta a todos. A todos.
Hay gente que tiene miedo de la muerte en sí, de dejar de existir en un mundo que no le echará en falta. Otros temen dejar asuntos pendientes para con los que les rodean. A otros les asusta el sufrimiento ajeno o dejar desamparadas a personas que de alguna manera dependen de ellos… pero el caso es que hay toda una batería de razones para temer la muerte.
En ese sentido admiro a la gente religiosa, que vive bajo el consuelo y la esperanza de poder reunirse algún día con aquellos que ya no están. El ser humano supo inventar un sistema de creencias que constituía una buena herramienta para superar la muerte de los seres queridos. Lástima que tuviera que arruinarlo luego con temores vanos sobre infiernos y sufrimientos eternos... ay, cuán estúpidos podemos llegar a ser...
A mí quizá no es el hecho de morir lo que más me asusta, siempre y cuando no vaya acompañado de una larga agonía ni un dolor insoportable. Una vez no estuve muy lejos, y de ello recuerdo una inmensa calma y… sobre todo, mucha resignación. Pienso que quien muere no es quien más sufre, ya que en el momento del duelo de su muerte... en fin, es el único que precisamente no está presente. Quien muere deja de disfrutar de la vida, y en cierto modo de sufrirla. No, no es él quien peor lo pasa.
Peor es la pérdida que sienten los que se quedan, y que echarán de menos a esa persona a su lado en cada uno de los pasos importantes de su vida. Más sufre quien se da cuenta de que un ser querido ha desaparecido para siempre, y que se plantea su importancia en un universo que nunca notó su falta. Esto, a mí, sí que me asusta. Ser consciente en el momento de la propia muerte del sufrimiento al que se verán sometidas las personas que le aprecian a uno… debe de suponer una sensación de impotencia muy desagradable.
Pero ni siquiera es eso lo que más temo de la muerte, no. Lo que más me asusta es que me llegue en un momento posterior a una discusión con mi familia o amigos. Me da pavor pensar que pudiera irme del Planeta en un momento en que lo último que haya dicho a algún ser querido sea algo desagradable. Me aterroriza la idea de no poder rectificarlo nunca más, y de dejar ese mal sabor de mi presencia en los que me rodean. No me gustaría ser consciente de que habrá una persona a quien quiera y a la que le retumben en mi mente una vez y otra un montón de duras palabras que no sentía. Eso sí me aterroriza.
Por eso, quizá, y desde que tuve un accidente hace unos años que bien me pudo haber costado la vida, intento no dejar una huella desagradable en los que me rodean. Es más, no ceso de repetirles que los quiero para que, llegado el momento, no les queden razones para dudarlo. Si algo me quedó claro es que nadie es tan joven que no pueda morir mañana…
Os preguntaréis el porqué de esta entrada. Bueno, este mes de Noviembre no he escrito porque mi ánimo no me daba la motivación. El mes empezó con la pérdida de mi abuela materna, y a lo largo del mismo le acompañó mi abuelo. Lo he vivido entre la impotencia de la distancia, de no haber podido estar a su lado en el momento en que se fueron, y de la resignación que supone ver cómo en cuestión de un mes la vida de mi familia ha dado un vuelco tan importante. Y yo, que no puedo estar con ellos tanto como quisiera... me siento en cierto modo como si alejándome de mi casa hubiera huido de sus problemas, hace ahora ocho años. A quien vive lejos de su familia siempre le falta algo. Por muy bien que le vayan las cosas, hay sucesos que no se viven igual con seiscientos kilómetros de por medio...
En fin... es raro mirar alrededor y observar que el Mundo no ha notado la ausencia de estas personas que, sin embargo, en mi vida fueron tan importantes. Hay que ver qué efímeros somos, qué insignificantes… y qué ignorantes. Creemos que el Universo oscila alrededor de nosotros y en realidad es impasible ante nuestra presencia y ausencia. Míralo, en miles de millones de años los cambios han sido tan sutiles… y nosotros, que pensamos que cien años es mucho tiempo. Ignorantes, sólo se nos puede definir así…
En fin, esta entrada va dedicada a mis dos abuelos, que tanto dieron por mí durante mi infancia y... en fin, que ya sólo forman parte de un bello recuerdo.
Hasta pronto, Miri ¿Cómo se producen las estaciones?Bueno, pues ya ha llegado el otoño. Sí, sé que llegó oficialmente hace un mes, pero para mí es el cambio horario lo que realmente me hace ser consciente de que ha llegado. La verdad es que no me gusta esta estación. Siempre le he tenido manía a esas épocas del año en que todo tiende a apagarse. De pequeña me preguntaba por qué tenía que haber estaciones, con lo bien que se estaba en primavera y verano, y siempre decía que de mayor quería vivir cerca del Ecuador, donde el otoño e invierno son apenas imperceptibles y el día dura prácticamente igual que la noche. Porque es eso, la duración del día, lo que marca las estaciones según nosotros las entendemos. Otras culturas, sin embargo, tienen estaciones diferentes que las nuestras, basadas en el clima o en el estado de las plantas. Pero nuestro método, el método astronómico que se llama, se fundamenta en el fotoperíodo para establecer el comienzo y fin de cada estación, prestando especial atención a cuatro días peculiares: dos solsticios y dos equinoccios, como los conocemos nosotros.
En el colegio nos dicen que lo que provoca las estaciones es el giro de la Tierra alrededor del Sol. Sabiendo esto, y a pesar de que en el libro de texto viene bien explicado, la mayoría de nosotros se acaba quedando con el concepto de que la órbita de la Tierra alrededor del Sol es irregular, y que el invierno se produce cuando la Tierra queda más lejos del Sol en su giro, y viceversa sucedería con el verano. Nada más lejos de la realidad, ya que la distancia de la Tierra al Sol es bastante parecida en Diciembre y en Junio, y mayor en ambos casos que en Septiembre o en Marzo. Así pues, si las estaciones dependen del giro de la Tierra en torno al Sol, pero no es la distancia a este lo que marca las estaciones... ¿Cómo sucede todo?
Todo empieza en la órbita de la Tierra. Como ya sabéis, la Tierra gira alrededor del Sol con un período anual. En realidad, la tierra tarda algo más de un año en dar una vuelta al Sol. Seis horas más, para ser exactos. Y como no queremos que los meses se nos vayan desplazando seis horas cada año, lo que hacemos es que cada cuatro años se juntan todas las horas acumuladas esos años y se pone un día más en el calendario. Ese año tendrá 366 días y es lo que llamamos "año bisiesto", pero vaya, no es de lo que quería hablar esta vez, que yo me enrollo y me enrollo...
El caso es que el eje de rotación de la Tierra no está recto, sino inclinado. ¿Inclinado respecto a qué?, diréis. Bueno, está inclinado respecto a la eclíptica. La eclíptica es el plano en que la Tierra gira alrededor del Sol. Si dibujáramos la circunferencia que la Tierra hace en su giro, y la rellenáramos formando un círculo plano, eso sería la eclíptica.
Consideramos, por decirlo de alguna manera, que la eclíptica es el "suelo", y es horizontal y recto. Para que la Tierra girara siempre en la misma posición, la Eclíptica debería cortar a la Tierra en dos mitades, exactamente en el Ecuador. Para que no hubiera estaciones, el plano de la eclíptica debería coincidir con el plano del ecuador, como se muestra en el dibujo:
Y sin embargo mirad que, en realidad, el plano del Ecuador resuta estar inclinado casi 24º respecto al plano de la Eclíptica
Y entonces... ¿Qué sucede si la Tierra gira "torcida" alrededor del Sol? Pues que casi siempre hay alguna zona que se queda incinada hacia el Sol y otra que se queda inclinada hacia el lado contrario, y evidentemente los rayos del Sol llegan más perpendicularmente a las zonas que se queden encaradas a él en cada momento. Y como la Tierra está torcida, unas veces es el Hemisferio Norte el que se queda más encarado al Sol, y otras es el Hemisferio Sur.
Así pues, el 21 de Diciembre, los rayos del Sol llegan perpendicularmente al Hemisferio Sur, con su máximo de oblicuidad respecto al Hemisferio Norte. Es el día más largo del año en el primero, y el más corto en el segundo. El día 21 de Junio sucede justamente al contrario, y el Hemisferio Norte disfruta del día más largo del año. Este fenómeno es lo que llamamos "solsticio" de invierno y de verano, y es donde comienzan estas estaciones. El 22 de Septiembre y el 20 de Marzo, el plano de la Eclíptica y del Ecuador se cortan, y el día es igual que la noche en ambos hemisferios, ya que los rayos del Sol llegan de la misma manera al Hemisferio Norte que al Sur. Es lo que llamamos "equinoccio" de otoño y de primavera, es lo que marca el inicio de ambas estaciones. Cuando en un Hemisferio se produce el solsticio de invierno, en el otro Hemisferio se produce el de verano, y lo mismo sucede con los equinoccios de primavera y otoño.
Así pues, las estaciones no dependen de la cercanía o lejanía de la Tierra al Sol, sino de la posición de nuestro Planeta respecto a los rayos del Sol en su giro respecto a este. Por decirlo de alguna manera, lo que marca las estaciones no es que estemos más cerca o más lejos del Sol, sino que los rayos nos lleguen más perpendiculares o más oblicuos, o dicho de otra manera, más "rectos" o más "inclinados". Así llegarían los rayos del Sol al Hemisferio Norte en diciembre y en Junio:
Espero haberme hecho entender, pero si no es así, os dejo un enlace donde lo explican mucho mejor que yo...
Hasta pronto...
Miri
P.D: En la sección "Fotos" os dejo un álbum de fotos de Noruega, de mi tercer viaje en un año a este adorable País, del mes de Mayo. ¡Espero que os gusten!
¿Y si no es así?
Aclaración: En vista de los comentarios, creo que la frase no queda lo suficientemente explícita. Con "todo el mundo" no me refiero a la gente que me rodea sino más bien a lo establecido, a lo comunmente aceptado, a aquello que asimilamos como correcto sin llegar a cuestionarlo. ¿Y si no fuera tan correcto? ¿Y si lo que fue válido para interpretar el Mundo en otra época dejó de serlo hace ya tiempo? ¿Y si simplemente aceptamos unos esquemas porque nadie se los ha replanteado? ¿Y si lo que damos por verdad, simplemente, no lo es? ¿Y si todo es mentira y es "todo el mundo" quien está equivocado? Eso es lo que pretendía expresar. Sitos miles, Miri De los devenires que devienen ires...Y el mundo va y vuelve, y gira y se retuerce, para acabar siempre en el mismo punto. Y con el paso de los años y el ir y venir de los momentos, de las personas, de las sonrisas y de las lágrimas, uno se da cuenta de que el camino andado le lleva a menudo al lugar donde se originó la marcha. Y uno se frustra, se desmorona, se queda exhausto sólo de verse obligado a aceptar que no ha hecho más que caminar en círculo, que todo el esfuerzo ha sido en vano. ¿En vano? Quizá lo que todavía nos falta por comprender es que el sentido de un camino puede no fundamentarse en el lugar a donde lleva, sino en lo que nos depara cada uno de sus bucles, y todos ellos son irrepetibles. Quizá no es tan malo que vuelva al punto de partida, quizá eso es lo que nos salva de perdernos en la fría espesura de la montaña. Nunca se sabe si hubiera sido mejor avanzar, cuando uno no sabe bien a dónde se dirige. Al fin y al cabo la Tierra gira para que el Sol salga cada día por el mismo sitio.
Lo que pasa es que cuesta, cuesta mirar atrás y verse dando vueltas y vueltas en torno al mismo eje. Cuesta darse cuenta de que por mucho que uno cambie de decorado y de personajes, la obra es siempre la misma. Cuesta mantener la ilusión cuando uno ve huellas en el camino y se da cuenta de que son sólo las que él mismo dejó atrás. Cuesta encontrarse de repente en un punto cuya trayectoria denota un final que ya conocemos y que una vez juramos no volver a vivir. Cuesta reconocer que cualquier camino que tomemos nos lleva al mismo fin, porque en el fondo lo que buscamos es aquello que ya vivimos y de lo que queremos huir, aquello que al fin y al cabo nos caracteriza. Nuestros abuelos decían algo así como que "la cabra siempre tira para el monte". Y vaya si es verdad que la cabra, por muchas vueltas que dé, nunca acabará en la playa. Cuesta resignarse y sin embargo cuesta pensar que, pese a llegar siempre al punto de partida, la trayectoria fue acertada. Cuesta, cuesta... vaya que si cuesta...
En fin, os mando un besito. Está perdido, extraviado... algo ofuscado, pero sigue manteniendo la ternura y la inocencia de su origen.
Miri P.D: Os dejo aquí un nuevo álbum de viejas fotos. Son del invierno y la primavera y, aunque deberían llevar meses puestas... ya me conocéis. Más vale tarde que nunca...
Procrastinando, procrastinando... ¡Espabila, que viene andando!"Procrastinar" es una palabra que yo encuentro muy útil, muy versátil... y sin embargo muy poco utilizada. La R.A.E la define escuetamente como: Diferir, aplazar. A mí, la verdad, esa definición no me satisface. Procrastinar no es simplemente aplazar, no es sólo eso. La definición en inglés me gusta más, porque le proporciona un matiz que la hace única. El diccionario del British Council define "to procrastinate" de la siguiente forma: To keep delaying something that must be done, often because it is unpleasant or boring (continuar aplazando algo que debería hacerse, a menudo porque resulta molesto o aburrido). Sí, ya va bien, pero para acabar de matizarlo... según la definición que más se ajusta a mi entender, procrastinar es algo así como dejar para otro día por pereza o desidia algo que tarde o temprano hay que hacer, y que más valdría que se hiciera pronto.
Todos nosotros -bueno, al menos aquellos de nosotros que nos definamos como humanos- tenemos tendencia a procrastinar las cosas que menos nos agradan. Todos, y quien diga lo contrario miente cochinamente, hemos dejado algo para otro momento, y luego para otro... y así hasta la eternidad. Procrastinar no tiene por qué ser malo si es una licencia que nos tomamos puntualmente, conociendo y respetando ciertos márgenes. El problema viene cuando alguien hace de la procrastinación su forma de vida, y de repente no es momento para nada y todo puede esperar a mañana. Entonces, mal va la cosa. Y eso es lo que me ha venido pasando durante estos últimos meses. Que si esto puede esperar, que si hoy no es el momento para lo otro, que si aquello ya lo haré cuando esté más despejada... hasta que llega un momento en que el caos se adueña de tu vida, y cuando pretendes por fin ocuparte de todos esos asuntos pendientes, han formado una maraña que no hay por dónde agarrarla.
En fin, que en poco tiempo me he dado cuenta de que me mudé allá por Junio y todavía no he deshecho las cajas, que hace un mes que volví de Senegal enferma de algo raro y todavía no he ido a hacerme los análisis, que tengo mi despacho invadido de herramientas desde enero y mis compañeros ya están que trinan, que tengo unas muestras listas para analizar desde hace 10 meses y todavía no las he tocado, que hace mucho que debería haber entregado un artículo que lleva a medias desde tiempos inmemoriables, que debería haber hecho una limpieza del ordenador hace años y ya no le queda nada más que 1 GB libre, que debería llevar ya un mes en Montpellier y no sólo no estoy allí, sino que ni siquiera he buscado alojamiento... y así un largo etcétera. En fin, que puestos a poner orden en todo el galimatías que he montado, voy a necesitar un chute de vitaminas o... hasta de anfetaminas, diría yo, si quiero solucionarlo.
Y el problema de todo esto es que... cuando por fin estás completamente sumergido en el caos, te das cuenta de toda la energía que vas a necesitar para poder salir de allí y entonces, en lugar de ponerte manos a la obra para arreglar cuanto antes una situación que se te antoja inconmensurable... decides dejarlo para otro día, cuando te encuentres despejada y sea mejor momento :S . ¡Dios mío! La procrastinación llama a la procrastinación y se convierte en un bucle sin fin...
¡¡¡Socorroooooo!!!!
Miri KassoumayKassoumay es el típico saludo de los diolas, etnia que puebla el sur de Senegal y buena parte de los países del entorno. Con ellos es con quien he pasado este mes de Agosto en Casamance, la región senegalesa que bordea el río del mismo nombre, separada del resto del país por el estado de Gambia. Allí es donde he vivido mis venturas y desventuras de este verano, mis ilusiones y mis frustraciones de las últimas semanas.
Gracias al programa Jóvenes Cooperantes y a la ONG Asamblea de Cooperación por la Paz, veinte jóvenes castellano-manchegos hemos tenido la oportunidad de formarnos en la cooperación al desarrollo en una zona devastada por la agonía de un conflicto armado que parece no acabar de ver su fin, y que contrasta con la más que aparente tranquilidad de los nativos que lo viven más como un lastre que como una causa común.
Durante este mes, hemos tenido la oportunidad de embadurnarnos con el encanto de África y de sentir simultáneamente compasión y envidia sana de unos niños que a menudo caminan descalzos y sin embargo lucen una sonrisa perpetua. Hemos aprendido que el sentido común no siempre tiene tanto sentido, ni es tan común. Y hemos disfrutado de una experiencia que en muchos sentidos nos ha cambiado los esquemas...
Ahora, la vuelta a casa es dura. Aquí todo es más complejo, más complicado. Es otro mundo. Además, algunos de nosotros hemos venido enfermos. Yo llevo unos días en la cama y en el hospital no son capaces de determinar si es o no malaria. De cualquier forma, y como ya es costumbre que mis viajes discurran bien y acaben de cualquier manera, la experiencia ha merecido este pequeño percance y estoy contenta, ya en Cuenca, a la espera de curarme y volver a Barcelona.
De momento no voy a contar nada más, ya que hay imágenes que valen más que mil palabras, y todavía no tengo listas las fotos. Tardaré un tiempo en tenerlas, así que por lo pronto, y para teneros entretenidos, os dejo un álbum del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y alrededores, viaje que realicé allá por Mayo y Junio.
Nos vemos pronto. Un besazo a tod@s,
Miri
Lo que nos enseña el firmamentoMe gusta, me encanta, me fascina mirar las estrellas. Cuando me quedo embobada mirando al cielo en una noche estrellada, no pocas veces me preguntan el motivo de la hipnosis que me produce observar el firmamento en su esplendor. ¿Será el romanticismo de un cielo salpicado de pequeños puntos de luz en la oscuridad? ¿Será la pregunta de qué habrá más allá de lo que podemos ver? ¿Será la creencia de que nuestro destino está escrito en él? ¿Será pura fascinación ante algo que se antoja infinito en cuanto a lo que podemos percibir? .... No, en realidad es mucho más sencillo que eso. Cuando miro las estrellas es cuando por fin puedo relativizar y dame cuenta de cuán efímera es nuestra existencia: nosotros, nuestras preocupaciones... es como si no existiéramos. Inmersos en un infinito donde las distancias se cuentan en miles de millones de kilómetros, donde la joven estrella que nos vio nacer ya estaba allí cuando la Tierra no era más que un amasijo amorfo de minerales, donde alguien que intentara observarnos desde la galaxia más cercana ni siquiera podría atisbarnos... En ese universo donde nuestra efímera existencia es prácticamente imperceptible... ¿Qué importancia tenemos, nosotros y nuestros problemas? Y aunque parezca mentira, eso me alivia cuando estoy agobiada. Una gran lección de humildad, esta que nos ofrece el firmamento.
Un besito,
Miri
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