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Lo que nos enseña el firmamento

 
Me gusta, me encanta, me fascina mirar las estrellas. Cuando me quedo embobada mirando al cielo en una noche estrellada, no pocas veces me preguntan el motivo de la hipnosis que me produce observar el firmamento en su esplendor. ¿Será el romanticismo de un cielo salpicado de pequeños puntos de luz en la oscuridad? ¿Será la pregunta de qué habrá más allá de lo que podemos ver? ¿Será la creencia de que nuestro destino está escrito en él? ¿Será pura fascinación ante algo que se antoja infinito en cuanto a lo que podemos percibir? .... No, en realidad es mucho más sencillo que eso. Cuando miro las estrellas es cuando por fin puedo relativizar y dame cuenta de cuán efímera es nuestra existencia: nosotros, nuestras preocupaciones... es como si no existiéramos. Inmersos en un infinito donde las distancias se cuentan en miles de millones de kilómetros, donde la joven estrella que nos vio nacer ya estaba allí cuando la Tierra no era más que un amasijo amorfo de minerales, donde alguien que intentara observarnos desde la galaxia más cercana ni siquiera podría atisbarnos... En ese universo donde nuestra efímera existencia es prácticamente imperceptible... ¿Qué importancia tenemos, nosotros y nuestros problemas? Y aunque parezca mentira, eso me alivia cuando estoy agobiada. Una gran lección de humildad, esta que nos ofrece el firmamento.
 
Un besito,
Miri
 
Firmamento

Buscando respuestas... y encontrando más preguntas

 
¿Qué se hace cuando uno construye un puzzle con esmero y descubre que una pieza no encaja? ¿Qué se hace cuando uno identifica la pieza rebelde y resulta ser precísamente su preferida, la que da color al puzzle y más le llena? ¿Qué se hace cuando el hueco que dejará esa pieza es más visible que el resto del puzzle perfectamente montado? ¿Qué se hace de la pieza... y del puzzle? ¿Qué se hace?
 
 
puzzle
 

De números, cifras, estadísticas... o del día en que olvidamos la poesía

 

 

¡Hola a tod@s!

 

...Pues aquí estoy hoy, miércoles, sumida entre un montón de datos relativos a cualquier tipo de parámetro que se pueda medir en un bosque. Son bases de datos e interminables que describen parámetros de cada arbolito de nuestro bosque experimental y que tengo que resumir en unas pocas variables que me ayuden a encontrar patrones. Ardua tarea esta de reducir la diversidad a una ecuación que generalice algo tan complejo como es la naturaleza. Y pensar que detrás de cada fila del Excel hay un ser vivo centenario que ha visto cobijarse generaciones enteras bajo su sombra...

 

Pero esto no sucede sólo en el mundo científico, no creáis. Sólo hay que fijarnos a nuestro alrededor y darnos cuenta de que nos pasamos la vida buscando parámetros, intentando encontrar la manera de poder generalizar todo cuanto nos rodea y reducir la realidad a un montón de números que nos ayuden a construir más y más tópicos. Cifras, estadísticas, datos... ("El 70% de los menores de 25 años ganan menos de 1000 euros al mes...") se han convertido en nuestra manera de describir el Mundo. ¿Qué lugar queda ahí para la poesía?

 

Hace unos años, mi profesor de literatura comentó, con un aire taciturno: "Tantos siglos de poesía para describir la belleza femenina y hemos acabado reduciéndolo todo a tres cifras: 90-60-90. Si nuestros poetas levantaran la cabeza...". Y es verdad, razón no le faltaba. Estamos obsesionados con los números. Y yo no pretendo ser la excepción. Por mucho que diga, mi mentalidad científica tiene tendencia a cuantificar y analizar todo cuanto aparece ante mis ojos. Veo magnitudes, tasas, ratios por todas partes. A veces, cuando veo un bosque, no puedo evitar pensar en las hectáreas que ocupa, la cantidad de biomasa que puede haber acumulada, en el número de especies que puede acoger o en la precipitación que debe de caer para albergar cierto tipo de planta. Con lo bonito que es encontrarse dentro, cerrar los ojos y disfrutar de los sonidos y las aromas que nos brinda... Con lo bonito que es decir: "Un bosque con olor a tierra mojada y miel, donde el susurro del viento en las hojas sólo se ve interrumpido por el picotear constante del pájaro carpintero y el canto de los ruiseñores", en lugar de limitarse al típico "Un bosque de 30.000 hectáreas, con un 80% de cobertura de encina un 10% de pino y 10% de arbustos mediterráneos, que alberga más de 20 especies de aves...". Pero no, parece que no somos capaces de hacernos a la idea si no metemos cifras de por medio. 

 

A propósito del tema, os dejo un fragmento de "El Principito". Se ve que Antoine de Saint-Exupéry ya pensó en esto muchos años ha. ¡Espero que os guste!

 

"A los mayores les encantan las cifras. Si les habláis de un nuevo amigo vuestro, nunca os preguntarán por lo esencial. Nunca os dirán: "¿Cuál es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que más le gustan? ¿Colecciona mariposas?". Os preguntarán: "¿Qué edad tiene?, ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?". Sólo entonces creerán conocerlo. Si decís a los mayores: "He visto una bonita casa de ladrillos color rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado...", no conseguirán imaginarse esa casa. Hay que decirles: "He visto una casa de cien mil francos". Entonces exclaman: "¡Qué hermosa debe de ser!".

Del mismo modo, si les decís: "La prueba de que existió el principito es que era encantador, que se reía y que quería un cordero: cuando uno quiere un cordero, ¿no es eso una prueba de que existe?", se encogerán de hombros y os tratarán de niños. Pero si les decís: "El planeta de donde venía es el asteroide B612", entonces quedarán convencidos y os dejarán en paz con sus preguntas. Son así. Y no hay que guardarles rencor. Los niños tienen que ser muy indulgentes con los mayores. "

Y bueno, nada más que decir por hoy. Espero que paséis un buen día escuchando los pájaros y oliendo el aroma tan agradable que estos días de lluvia han dejado en parques y jardines.

Un besito.

Miri

cifras

Mi segundo aniversario en la blogosfera...

 
Bueno, ya estoy aquí de nuevo. Como veis, estoy bien. Bicho malo nunca muere, que dicen... y menos mal, que decimos otros. Hoy voy a hablar del segundo aniversario de este espacio. Sí, ya sé que esta entrada va con un mes y pico de retraso, que el blog cumpió años el 14 de abril, pero... bueno, más vale tarde que nunca, y no está de más acordarse de poner las cosas al día aunque sólo se haga de vez en cuando.
 
Durante este tiempo no he escrito en parte por falta de tiempo, en parte por falta de ganas. Primero no tenía ánimo y después no tenía... la necesidad, supongo. No siempre el silencio supone necesariamente un mal presagio, y en este caso no lo ha sido. Últimamente me siento bien, y quizá por eso no tengo tanta dependencia del blog. Buena señal, ¿No? Al fin y al cabo este espacio nació con una breve entrada en una temporada en que la soledad me estrangulaba, en el que cada mañana al despertar un silencio a gritos me quemaba como ácido, un momento en que escapaba de mi vida y mi vida me escapaba. En ese contexto el espacio fue, como he comentado en ciertas ocasiones, mi salida de emergencia. No escuchaba, no preguntaba, no atendía... pero al menos no me juzgaba. Y en mi mundo nómada y efímero en que el flujo de gente se sucede en un devenir continuo, en el que siempre se está empezando de cero... creedme, eso es importante. Escribía para mí, como básicamente sigo haciendo aunque cada vez me resulte más difícil ignorar el parecer de los lectores que hoy día se pasan a compartir mis reflexiones. Puede que no fuera lo más óptimo, pero sí lo más accesible que tenía en esos momentos. Mal sucedáneo pues de una vida social sana, pero cuando uno es nómada y se pasa la vida empezando de nuevo... bueno, cualquier puesto, por intempestivo que sea, puede resultar un buen lugar para levantar un campamento. Y este... en fin, ha sido el mío durante dos años. Y funcionó, vaya que sí.
 
Ahora, no obstante, por fin puedo decir que mi situación en Barcelona está evolucionando. Esa sensación amarga de soledad que me acompañó durante mucho tiempo se está diluyendo últimamente. No sé si este cambio será real o sólo una cuestión de percepción, pero en cuanto a que la realidad se elabora subjetivamente en base a nuestras percepciones, me gusta creer que mi realidad se ha transformado. Paradójico es, no obstante, que pese a todo sienta eventualmente una añoranza de la simplicidad que vive uno cuando está solo. Cuando se comienza a tener vida social, es fácil acabar enredado en redes complejas que cada vez se vuelven más intrincadas y donde uno deja de manejar los propios hilos. Pero al fin y al cabo, supongo que ese es el precio que tiene el sentirse parte de algo...
 
Hablando del espacio, a día de hoy llevo escritas unas 80 entradas y he recibido 18.980 visitas; he tenido comentaristas que he sabido mantener y otros, más numerosos, que se acabaron disolviendo en la blogosfera; he conocido en persona a seis blogueros y hablo más o menos habitualmente con otros cuatro; he pasado por muchos subibajos que me han echo cuestionarme la utilidad del espacio y... he decidido mantenerlo en pie. Al fin y al cabo es de las pocas cosas, aparte de mi personalidad y mi trayectoria laboral, que puedo seguir construyendo esté donde esté. Eso y... que nunca se sabe cuándo puede hacer falta de nuevo, vaya.
 
Por último, aquí os dejo un enlace a mis entradas favoritas. Algunas os gustarán y otras no, pero en fin... es lo mejor que he podido dar de mí estos dos años.
 
 

¿Dónde estás, Ilusión?

 
 
¿Dónde estás, Ilusión?
 
 
¿Se puede saber dónde te has metido?
 
   
 
 

¿Por qué cambiamos la hora en primavera?

 

¡Hola a tod@s!

 

Esta semana ando un poco trastocadilla con eso del cambio de horario. El cuerpo tiene su inercia, y acostumbrarse cuesta. Supongo que quien más y quien menos habréis notado algo, pero ¿Nunca os habéis preguntado por qué y desde cuándo se cambia la hora?

 

La historia comienza en Inglaterra, en 1905. Un inglés llamado William Willet se dio cuenta, durante un paseo vespertino a caballo, de que la mayoría de los londinenses estarían durmiendo en la que para él era la mejor hora del día mientras que estarían despiertos largo rato más allá de la llegada del crepúsculo. No vio lógico que se desaprovechara de esta manera la luz del sol, y dos años más tarde publicó una propuesta de cambiar la hora en verano, que en principio fue ignorada hasta el 30 de abril de 1916, cuando Alemania comenzó a aplicar el cambio horario.

 

En España el primer cambio de hora tuvo lugar en 1918. Durante los años subsiguientes también se realizaron modificaciones, pero no con carácter anual, sino intermitentes. De 1950 a 1973 se abandonó esta práctica. Sin embargo, en 1974, la crisis del petróleo provocó que se volviera a recurrir al adelanto de los relojes en Europa, bajo el argumento de que aprovechando al máximo el horario solar se ahorraría energía en la iluminación y, por tanto, combustibles fósiles. Desde entonces la mayoría de los países europeos atrasan su reloj en invierno y lo adelantan en verano.

En 1981 se adoptó la primera directiva europea, que se renovaba cada cuatro años. En 2001 se decidió adoptar el cambio horario con carácter indefinido, mediante la directiva 2000/84/CE de 19 de enero de 2001 del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión, que establece con carácter permanente las fechas de inicio del periodo de la hora de verano y de su finalización, produciéndose los últimos domingos del mes de marzo y octubre, respectivamente. Esta directiva fue traspuesta al ordenamiento español mediante el Real Decreto 236/2002 de 1 de marzo.

Sin embargo, los beneficios y perjuicios del cambio de hora se han discutido desde hace tiempo. En un informe encargado por la Comisión Europea en 1999, se constata que el cambio horario tiene repercusiones energéticas positivas, pero que sus efectos inciden de forma distinta en función de la situación geográfica de los países y del tiempo de luz solar diario que tengan, y por tanto no afecta de igual manera en el sur de España que en el norte de Suecia, por ejemplo. Debido a esto, los informes determinan que el ahorro europeo medio de energía utilizada en la iluminación con esta medida se encuentra sólo en torno al 0 % y el 0,5 %. Sin embargo, en el caso de España, los datos que maneja el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) sitúan el ahorro energético de los consumidores en torno al 5% desde final de marzo hasta final de octubre. Es decir, alrededor de 6 euros en el total de los 7 meses que dura la hora de verano en el gasto de una familia con un consumo medio (3.200 kilovatios hora), lo que se traduce en unos beneficios de unos 60 millones de euros. Teniendo en cuenta además la repercusión positiva de este horario sobre el sector turístico, los beneficios para España podrían alcanzar los 300 millones de Euros.

 

Y bueno, voilà por qué se cambia la hora. La verdad es que soy algo escéptica respecto a las cifras de ahorro energético que se barajan, pero sí es cierto que, a pesar de ello, creo que es una medida lógica. No sirve de nada que amanezca a las cinco de la mañana si son horas que poca gente aprovecha, y sin embargo da gusto pasear al fresco a las 9 de la noche mientras se observa una bella puesta de sol.

 

Un besito a tod@s, y que disfrutéis de las horas de luz,

Miri

 

 reloj

Resurrección

 
Bueno, por fin reaparezco. Dicen que hierba mala nunca muere, así que tarde o temprano tenía que volver por estos lares. Lo siento, pues, para los que tenéis que volver a aguantarme, jeje.
 
Este último mes ha sido duro. Mucho trabajo de campo, mucha gente a mi cargo, la tesina por presentar, la suficiencia investigadora por superar... buf. Mucho follón, en definitiva. Creo que es la primera vez en mi vida que me he sentido realmente al borde de mis posibilidades. Al final he podido con todo de milagro, y a base de desayunar Red Bulls algunos días. Menos mal que no duró más, porque a estas alturas ya me habría tenido que pasar a las drogas duras, jeje. Nada recomendable el ritmo ese, no. Por suerte el estrés ha acabado y ahora, si bien no puedo relajarme, puedo tomarme las cosas de otra manera y hacer una cura de cafeína.
 
Entre las buenas noticias está que superé la tesina con muy buena nota, y que pasé la suficiencia investigadora. Para mí eso es genial, porque supone la obtención del DEA (una especie de máster de investigación), y además... ¡¡¡Que mi beca se transforma en contrato!!!. Sí, ya dejo de ser precaria y trabajaré de investigadora con los derechos de cualquier currante, jejeje. Por otra parte, la gente de mi grupo de senderismo me preparó una celebración sorpresa campestre de la tesina que me hizo una ilusión impresionante, y... y bueno, que en definitiva, me encuentro genial. Espero que vosotros también estéis bien, y que me perdonéis por el abandono prolongado al que os he sometido, pero es que no tenía alternativa.
 
Un besito,
Miri
 

Desaparecida (II)

 
¡¡¡Hola!!!!
 
Hoy, por fin hoy, he defendido mi tesina. ¡¡¡¡Aleluya!!!!  Ha sido todo un parto, fruto de mucho trabajo. Estoy contenta con el resultado, no sin tener que hacer cierta autocrítica, pero en fin, que ha salido bien. Os agradezco mucho los ánimos a todos aquellos que me los habéis dado, y os pido perdón a todos los que os sintáis un poco "abandonados" por mí. Llevo dos semanas de trabajo de campo, y a la vez preparando la exposición de la tesina, y no he tenido tiempo de nada. Ahora seguiré dos semanas más en el campo, y allí no tengo Internet. Si acaso bajo algún día, os prometo una visita a todos. Siento la desaparición, pero que sepáis que es efímera. Y el retorno será terrible, jejeje.
 
Un besazo a todos,
Miri

¿Qué mirada buscamos?

 

¡Hola a tod@s!

 

Perdonadme por mi reciente desaparición. Mañana por fin entrego mi tesina, y esta semana he estado trabajando duro para ultimar los detalles. Por eso no he podido dedicarle tiempo a mi blog, pero espero que esto cambie en breve. Ahora por el momento tengo que hacer la presentación, y tampoco es que me sobre el tiempo. Por eso, en lugar de escribir algo, os voy a dejar con un fragmento de "La insoportable levedad del ser", de Milan Kundera. Es un libro muy reflexivo que a mí me encanta. Os lo recomiendo. Aquí va:

 

"Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

 

La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público […]

 

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas […]

 

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad [...]

 

Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores […]."

 

No sé a vosotros, pero a mí este párrafo me pareció muy acertado. Cierto que las cosas no son tan simples y a menudo buscamos varias de estas miradas a la vez, pero siempre hay un tipo que domina nuestra forma de vida, ¿No creéis? 

 

Un besito,

Miri

 

 

mirada 

Los medios de comunicación y la mujer ficción

 
¡Hola a tod@s!
 
Hoy os dejo algo más entretenido. Un video -muy cortito- que os va a dejar con la boca abierta. Representa todo el retoque al que se ve sometida la imagen femenina en los medios de comunicación, con el fin de marcar unos estereotipos de belleza que en realidad no existen. De nuevo, da que pensar.
 
 
 
    
 
 
Si hay algo que ha evolucionado a lo largo nuestra historia cultural es el estereotipo de mujer deseable. Desde la mujer delgada con pechos apenas perceptibles de la Antigua Grecia hasta las tres gracias del Renacimiento, de caderas prominentes y senos grandes, hay mucha diferencia. Sin embargo, sea cual fuere el estereotipo en cada época, hasta ahora se trataba de mujeres reales. Pero ya no, esto ha pasado. Los medios de comunicación de masas han establecido un estereotipo de "mujer ficción", que ni existe ni nunca ha existido. Y lo peor de todo es que es un engaño, no es real. La mayoría de los cuerpos y caras perfectos que vemos en la tele lo son gracias al maquillaje, las técnicas de fotografía y video, la cirugía o directamente el retoque digital.
 
Lamentablemente, la mayoría de las mujeres aceptan la imagen que los medios de comunicación les dicen que deben proyectar. Creen que ésta refleja el estándar deseable por la sociedad. Lo peor de todo es que debido a la importancia de cumplir con las exigencias del modelo perfecto, la autoestima de muchas mujeres se ve minada al comparar su imagen con el ideal proyectado por los comerciales.
 
Pero siendo así, ¿Qué sentido hay en todo esto? Bueno, pues... haberlo, haylo. La publicidad, la televisión, Internet... marcan las pautas de nuestros baremos estéticos fundamentándose en aquello que más incentivará el consumo. Esto es: un cuerpo ideal, maravillosamente concebido y sin el más mínimo fallo. Un cuerpo que, sencillamente, no existe. ¿Qué se gana con ello? Que, en una aspiración imposible de alcanzar aquello que no es real, vivamos permanentemente consumiendo productos de estética como cosméticos, cirugía, gimnasios hasta... hasta siempre, porque por mucho que hagamos es difícil conseguir un cuerpo perfecto, e imposible mantenerlo así durante toda la vida. A la economía y el consumo le conviene tenernos frustradas intentando de por vida alcanzar una meta imposible. Si estamos contentos con nuestra vida, no consumimos tanto, y eso no conviene a muchos. Es triste, pero es así.
 
Y bueno, pues nada. Con esto os dejo hoy.
 
Un besito, una sonrisa y mucha alegría,
Miri
 
P.D: Os he dejado un nuevo álbum de fotos de este otoño. Muy variado, creo. Espero que os guste. ¡Ciao!
 
 

Reflexiones espontáneas en un bar de tapas...

 
Imaginad tres amigas. Pero no tres amigas cualquiera, no. Me refiero a tres AMIGAS de verdad, en mayúsculas. Están reunidas de pie en un bar de tapas. Hay mucha gente, alboroto por todas partes y huele a huevos fritos y jamón. Entre risas y miradas cálidas se percibe el gozo de poder estar juntas de nuevo después de tanto tiempo. En un momento Noelia, más guapa que nunca, se queda absorta mirando cualquier punto donde atisbar algo parecido al infinito, tarea nada fácil en un garito como aquel. De repente, de la forma más espontánea del Mundo y todavía con la mirada fija en alguna parte, se pregunta en voz alta:
 
"¿Por qué tenemos la obsesión de que lo más perfecto tiene que ser siempre lo mejor?"
 
Ella no se da cuenta de estas cosas, le salen solas. Sus reflexiones a menudo le pasan inadvertidas, no es consciente del efecto que pueden tener en los que la escuchan con atención. Piensa que los que la rodean son más inteligentes que ella, más capaces. Pero estas personas que ella cree tan lúcidas no hacen nada más que darle vueltas a una frase que ella pronunció a caballo entre la consciencia y la abstracción un miércoles de Diciembre en un bar de tapas.
 
Un besito, Noe, va para ti.
 
Miri
 
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De cuando se nos caen los mitos

 
Bueno, pues hoy voy a hablar de algo que llevaba tiempo queriendo comentar pero nunca había hecho, quizá porque estaba esperando a volver a tener una decepción para estar lo suficientemente inspirada. Y sí, por fin ha llegado la situación. Ícaro ha caído del cielo. Se me ha caído un mito. Y cómo no, le voy a sacar partido para expresarme y hacer de esta una entrada que seguramente se convierta en una de mis favoritas. Os la dedico.
 
La vida está llena de percepciones, de ideas. Interpretamos el mundo que nos rodea haciéndonos una imagen que inconscientemente lleva implícito un valor. No podemos ser objetivos cuando opinamos sobre algo, porque nuestra experiencia personal nos provoca sentimientos que tienen una influencia demasiado grande en nuestra manera de ver las cosas. Tanto es así que durante siglos la filosofía ha debatido sin descanso sobre si existe una realidad indiscutible, o realmente lo que nosotros llamamos "realidad" depende de nuestra percepción, es intrínsecamente subjetivo y por tanto no existe como tal. Y el máximo exponente de esto son aquellas cosas que provocan sentimientos, emociones. Sí, ahí nunca hay un consenso. Por poner un ejemplo, si pidiéramos a todos los españoles la descripción de... una piedra, es posible que la versión de todos coincidiera más o menos. Si les preguntamos sobre la estética de un cuadro, ahí ya habría diferentes puntos de vista. Y si les pidiéramos una descripción de... no sé, Fernando Alonso... pues ahí sería imposible ponerse de acuerdo. Quien para alguien es casi un héroe, para otros podría ser un oportunista, y para otros sería directamente un imbécil. Sí, así es.
 
Bueno, pues ahora que ha quedado claro que nuestra percepción distorsiona la realidad, voy a hablar del caso extremo: los mitos. No sé por qué, pero las personas tenemos una tendencia increíble a mitificar las cosas que nos rodean. Puede que sea por la búsqueda del ideal, porque nos deje más tranquilos pensar que en el mundo hay cosas intrínsecamente perfectas o... qué se yo. El caso es que nos pasamos la vida idealizando personas, lugares o épocas. Sí, así es. No sé a vosotros, pero a mí me pasa a menudo con algunas situaciones. La mayoría de ellas no he tenido la ocasión de volver a repetirlas en el tiempo, ya que frecuentemente una situación depende de varios factores que es difícil que coincidan repetidas veces. Pero bueno, en contadas ocasiones he tenido la oportunidad de volver a vivir algo que yo recordaba como una experiencia inolvidable y... me he llevado una decepción. He visto que aquello que yo recordaba como algo genial, en realidad no lo era tanto. Me he dado cuenta que mi valoración se basaba más en la falta de experiencias previas que en lo que era esa experiencia en sí. He visto que en realidad estaba sobrevalorando aquello que me parecía tan perfecto. En definitiva, se me ha caído el mito.
 
Los mitos no son intrínsecamente buenos ni malos. Es bonito recordar con nostalgia un sitio, experiencia o persona con la que disfrutamos en su momento. No en vano hay un proverbio que dice "Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver". ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque si vuelves te arriesgas... a que se te caiga el mito. Y siempre es bonito vivir con ilusión, ¿No creéis? Sin embargo pienso que hay mitos que es mejor dejar caer. Sobre todo aquellos relacionados con las personas. Sí, las personas tienen la capacidad de hacer daño, bien sea activa o pasivamente. Y cuando mitificamos demasiado a alguien lo vemos distorsionado, le asociamos una perfección que no es real, lo valoramos por algo que, en definitiva, no es. Y es necesario valorar a las personas, pero siendo conscientes de sus virtudes y sus defectos. Si sólo los valoramos porque en nuestra eterna búsqueda de la perfección no somos capaces de ver sus fallos... pues en el mejor de los casos la decepción llegará tarde o temprano y en el peor... pueden llegar a hacernos daño. Personalmente cuando no soy capaz de ver los defectos de una persona, entro en guardia. Sí, así es. Es evidente que debe tenerlos, y si no me doy cuenta es porque quizá mi percepción me está nublando la vista. Y eso no es bueno.
 
Se me acaba de caer un mito. En este caso se trataba de una persona, alguien a quien por lo visto tenía idealizado. No quiere decir que haya dejado de apreciarlo. Lo sigo valorando, pero de otra forma. Ahora lo considero alguien agradable, simpático... como a mucha otra gente, vaya. Ya no destaca, ya no tiene nada de especial. El mito ha caído, y lo ha hecho en el momento justo. Me alegro de que haya sido así. Hay cosas de las que es mejor ser consciente, aunque eso nos haga caer del mundo de las ideas y pegarnos un coscorrón con la realidad. Supongo que al fin y al cabo es un mal necesario.
 
Y bueno, pues nada, aquí os dejo hoy. Seguro que muchos de vosotros empezáis a plantearos algunas cosas tras leer esto. Otros simplemente pensaréis, no sin razón, que le doy demasiadas vueltas a las cosas. Los que me conocéis en persona y tenéis cierta confianza conmigo sabréis a lo que me refiero, y creo que os gustará la manera en que lo he expresado. En fin, ya me diréis.
 
Un besito,
Miri
 
Mito ícaro

¿Por qué la gripe no se cura con antibióticos?

 

Pues sí. Somos muchos los que todos los años por esta época acostumbramos a pasar unos días malitos. A mí me tocó en navidades, y supongo que muchos de vosotros también habéis agarrado la gripe este año. A veces, cuando estamos en la cama con fiebre daríamos lo que fuera porque el médico nos diera algo que nos curase la gripe, pero... desgraciadamente, la gripe no se cura con antibióticos. Lo único que la medicina puede hacer por nosotros en caso de gripe es... aliviar nuestros síntomas a base de analgésicos, antitusivos y mucolíticos. Pero... ¿Por qué la gripe no se cura con antibióticos? Bueno, creo que puede no ser una tarea fácil, pero hoy voy a intentar introducir un poco el mundo microbiano, para explicar por qué los antibióticos no son eficaces contra la gripe. Haré un amago, al menos. Ya me diréis vosotros si ha sido un buen intento.

 

Para empezar vamos a hablar de los microorganismos. Los seres microscópicos, aunque no los veamos, están por todas partes: desde las llanuras abisales hasta las teclas de nuestro ordenador, pasando por nuestro intestino o el yogur que nos comemos de postre. La mayor parte de ellos no son patógenos ni perjudiciales para el ser humano. Es más, la mayoría de los animales no podríamos vivir sin la ayuda de muchos de ellos, ya que son necesarios en nuestras vidas para hacer cosas tan básicas como la digestión. Sin embargo hay un pequeño grupo, minúsculo si lo comparamos con el gran abanico de microorganismos que existen, que puede provocar infecciones. Y dentro de los tipos de microorganismos que pueden resultar patógenos, podemos distinguir principalmente -aunque no únicamente- tres grupos: Virus, hongos y bacterias. Estos tres grupos son tan parecidos entre sí como... un arbusto y una persona. Vamos, que aunque para nosotros todos sean "microbios", no tienen nada que ver los unos con los otros y, es más, entre ellos también se infectan, se depredan y se parasitan. Es todo un mundo, éste de los microorganismos.

 

Pues bueno, para el caso que se tercia, sólo vamos a hablar de los virus y las bacterias. Para poneros un ejemplo, las bacterias causan enfermedades como la neumonía, la tuberculosis, la gangrena o la sífilis. Los virus son responsables de otras como el herpes, la hepatitis, el resfriado, la gripe y el SIDA. Así, a bote pronto, los síntomas que desencadena una infección no nos indican por sí mismos si la enfermedad es de origen vírico o bacteriano. Hay tanto virus como bacterias que producen enfermedades respiratorias, digestivas, venéreas o de cualquier índole, con todos los sintomas que eso conlleve. Hay que diagnosticar cada enfermedad para saber qué origen tiene, y eso es de lo que se encarga nuestro médico.

 

El caso es que las bacterias y los virus son completamente diferentes. Las bacterias son seres vivos unicelulares. Y como todo ser vivo nacen, crecen, se reproducen, se relacionan con su medio y mueren. Sí, así es: una bacteria come, tiene "hijas", puede defenderse de un enemigo huyendo, atacando o con otras técnicas según la bacteria de que se trate, su metabolismo puede pararse produciéndose su muerte... En definitiva, las bacterias son, diríamos, metabólicamente independientes. Como nosotros.

 

Los virus, por el contrario, no hacen nada por sí mismos. Para empezar, los científicos todavía debaten si podrían considerarse seres vivos o no, y la mayoría se decantan por la segunda opción. ¿Por qué? Pues porque los virus son, para que nos entendamos... una molécula grande y compleja, un trozo de ADN o ARN envuelto en una cápsula y/o membrana que anda suelto por ahí y que lo único que hace es... meter esa molécula en otras células para que se pongan como locas a hacer copias de él hasta que se mueran. Sí, así es: un virus no come, no produce desechos, en lugar de reproducirse es "fabricado" por otra célula, y no muere porque no se puede decir que tenga un metabolismo que se pueda interrumpir. Es cierto que puede ser "destruido" rompiendo su ADN o ARN, o separándolo de su cápsula y/o membrana, pero eso no quiere decir que muera. Se le destruye como se destruye un coche si se separan sus piezas, y eso no significa que esté vivo. El hecho de que pueda desbaratarnos tampoco quiere decir que sea un ser vivo. Si ingerimos lejía, eso nos puede causar la muerte, y sin embargo... la lejía no es un ser vivo. Pues los virus tampoco. Al menos eso es lo que piensa la mayor parte de la comunidad científica.

 

Por otra parte, la naturaleza ha dotado a la mayoría de los animales de un sistema inmunológico capaz de hacer frente a la mayoría de las enfermedades causadas por microorganismos. Cuando nos ponemos enfermos se activan una serie de mecanismos en nuestro cuerpo encaminados a repeler al organismo agresor. De muchas enfermedades podríamos curarnos sin tomar absolutamente nada. Otras pueden complicarse bastante si no lo hacemos y, por último, hay algunas ante las cuales nuestro sistema inmune poco o nada puede hacer, como es el caso del SIDA.

 

Pero bueno, pese a que todos tenemos mecanismos para defendernos de la mayoría de las enfermedades, de todos es sabido que nuestro sistema inmune a veces no es lo suficientemente fuerte para hacer frente a algunas infecciones. Y entre los avances de la medicina moderna, se encuentra el descubrimiento de los antibióticos*, que nos ayudan a defendernos de las infecciones bacterianas.

 

Los antibióticos son sustancias que matan a las bacterias. Por matar me refiero a que interrumpen su metabolismo. Por decirlo de alguna forma, las envenenan. Llevan moléculas que, alterando una determinada parte de su estructura, a la larga les impiden hacer funciones como alimentarse, respirar, etc., hasta que se mueren. Y de esta manera acaban con ellas. Sin embargo, contra los virus no pueden. ¿Cómo vas a impedir alimentarse o respirar a algo que no se alimenta ni respira, a una molécula química envuelta en una cápsula? Es imposible destruir un metabolismo que no existe. Es imposible matar a los virus porque ya están muertos, nunca han estado vivos. Por eso los antibióticos no valen contra ellos. Ante los virus sólo nos queda confiar en nuestras defensas... o vacunarnos para que no puedan llegar a infectarnos**. Pero si ya lo han hecho... los antibióticos no sirven de nada. Por eso la gripe no se cura con antibióticos, porque está producida por un virus.

 

Mucha gente hace cola en el médico esperando que le recete algo para curar un catarro o una gripe, pero no, no os engañéis***. Tendrá que ser vuestro cuerpo quien acabe con el virus. Los medicamentos que se venden para estos casos no nos curan, sino que únicamente sirven para aliviar los síntomas. Sí, disminuyen la mucosidad, la tos y la fiebre -y además la mayoría se pueden adquirir sin receta médica-, pero el virus sigue en el cuerpo hasta que nuestro sistema inmune acabe con él. A veces la insistencia del paciente hace que el médico le recete finalmente antibióticos, más que nada para que se calle. Pero como bien dice un proverbio popular: La gripe se cura en una semana con medicamentos... y sin ellos, también.

 

Bueno, no sé si la explicación será lo suficientemente clara. Sé que faltan muchas cosas por decir, y que otras están bastante a medias. Pero la verdad, no quería complicar más el asunto. Al fin y al cabo, se trata de explicar por qué la gripe no se cura con antibióticos... y de que todo el mundo lo entienda. De todas formas, al final de la entrada dejo tres aclaraciones que he marcado con asteriscos en el texto.

 

Un besito,

Miri

 

* ¿Sabéis que la mayoría de los antibióticos son producidos por... microorganismos? Sí, algunos hongos, bacterias, etc., producen antibióticos para defenderse de... otras bacterias. Curiosa naturaleza, ¿No?

 

** En realidad, todavía no se ha descubierto nada que pueda acabar con un virus. Sin embargo, sí se han desarrollado medicamentos que interrumpen su replicación o la hacen más lenta, destruyendo algunas enzimas que hacen falta para su fabricación. Es el caso del aciclovir (que se utiliza para el herpes) o de los antirretrovíricos que se emplean contra el SIDA. En cualquier caso, estos medicamentos hacen que la infección vaya más lenta, pero no pueden destruir el virus.

 

*** No confundir una gripe con otras infecciones respiratorias. La amigdalitis, faringitis, bronquitis, etc., a menudo tiene origen bacteriano, y en esos casos se puede tratar con antibiótico, pero ¡Ojo! La gripe no.

 

 

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A estas personajillas que siempre han estado ahí

 
Bueno, por fin estoy aquí. Aunque pareciera difícil, he sobrevivido a estas vacaciones que empezaron con euforia y acabaron con un bajón como hace tiempo no experimentaba. Un ying y yang, un café con leche, un pastel con guinda amarga, así las describiría. La verdad es que ahora mismo, por algunas razones que no voy a hacer públicas, no es mi mejor momento. No, 2008 no ha empezado todo lo bien que podría, qué le vamos a hacer. Cuando me encuentro así lo paso mal. Creo que estos 25 años no me han bastado para saber identificar y gestionar ciertas emociones ante las que todavía me siento desbordada. Quizá necesitaría empatizar un poco más con mis estados de ánimo, pero bueno, digamos que soy joven y aún me quedan tantas cosas por aprender... de momento creo que lo que haré será convertir esto en un propósito para 2008. Sí, será un buen punto de partida.
 
Pero bueno, ahora no me quería centrar en esto, no esta vez. Esta entrada tiene otro propósito. Hoy necesito decir a algunas personas que las quiero. En cierto modo es todo un evento, ya que muy pocas veces utilizo esa expresión. Sí, así es. Expresiones como "te quiero" o "te odio" implican una carga emocional tan grande que sólo las utilizo en contadas ocasiones. Incluso aunque me las digan a mí, a menudo no respondo, o no lo hago de la misma forma. Hay palabras que es mejor no banalizar, creo. Pero hoy... hoy me siento en la obligación moral de hacer el esfuerzo, y además de hacerlo públicamente.
 
Me quejo continuamente de que mi vida nómada no me permite profundizar en las relaciones con los que me rodean. Me quejo de que me muevo en un universo donde todo es demasiado efímero. Me quejo de tener siempre lejos a aquellos que quiero... pero quizá debería quejarme menos, y empezar a hacer inventario de aquella gente a quien tengo incondicionalmente a mi lado, incluso en la distancia. Y entre estas pocas personas están mis mejores amigas.
 
A Noelia, Pili y Carolina las conocí en el instituto. Años más tarde, nuestras vidas comenzaron a divergir, y actualmente cada una de nosotras vive en una punta de España. Coincidimos poco y mi desidia, despiste o caos hace que a menudo pase semanas e incluso meses sin hablar con ellas. Pero siempre que he estado mal ese contacto, en lugar de diluirse, se ha estrechado más que nunca. Mis amigas, por las distancias, sólo han podido compartir conmigo algunos de mis buenos momentos. Sin embargo, y pese a las distancias, siempre han estado ahí en los malos para escucharme, para darme un abrazo, para levantarme la moral. En estos momentos es cuando más tengo que agradecerles su compañía incondicional, porque por mucho mundo que haya recorrido, nunca he conocido a nadie tan especial como ellas. Sí, chicas, no me habéis dejado elección. Os tengo que decir que os quiero. Os quiero con locura.
 
Y bueno, para que nadie se ponga celoso, también tengo que dar las gracias al resto de las personas que habéis compartido mis lágrimas estos días. Sé que la mayoría de vosotros leerá tarde o temprano este post, y espero que mi agradecimiento os toque alguna fibrita sensible...